La formación de suelo ocurre por la actuación de cinco factores formadores (clima, factores bióticos, relieve, material parental y tiempo) sobre el material originario.
El clima ejerce un control en las reacciones físicas, químicas y biológicas que se producen en el suelo, mediante la precipitación y temperatura como agentes climáticos que regulan la disponibilidad de agua y de energía. De hecho, la precipitación, además de aportar agua para el crecimiento de la vegetación y de otros organismos que actúan en abundantes reacciones químicas del suelo, es un agente de primer orden para la alteración o meteorización de los materiales geológicos. Además, el régimen hídrico del suelo determina en gran medida los procesos de formación del perfil del suelo. Así, los regímenes percolantes (que permiten el flujo del agua a través del perfil del suelo durante periodos relativamente largos), permiten el lavado de carbonatos y otras sustancias. Mientras que los regímenes no percolantes, lo dificultan, o no garantizan un lavado completo del perfil. La temperatura controla la velocidad de las reacciones químicas, de manera que esta velocidad es mayor los periodos más cálidos que en los fríos.
Con respecto a los factores bióticos, la vegetación favorece a la meteorización del material originario. Además, tanto la vegetación como la fauna, y los microorganismos que habitan en el suelo, aportan materia orgánica al suelo, que después será progresivamente descompuesta e integrada en la composición de los horizontes del suelo (Porta et al., 1999). Actualmente, en el Monte Ezkaba predominan las coníferas (Suelos 1 y 3) y las frondosas (Suelo 3) (Figura 3). Mientras que la vegetación potencial sería de robledales de roble peloso, y carrascales y encinares (Figura 4).

FIGURA 3. Mapa de cultivo y aprovechamientos. Escala 1:30.000. Los puntos de interés edáfico (perfiles de suelo) se encuentran representados
en amarillo, y los puntos de interés histórico y cultural en azul claro.

FIGURA 4. Mapa de vegetación potencial. Escala 1:30.000. Los puntos de interés edáfico (perfiles de suelo) se encuentran representados en amarillo, y los puntos de interés histórico y cultural en azul claro.
El relieve determina cómo afecta el clima sobre el suelo. Por ejemplo, las laderas orientadas al sur reciben una mayor cantidad de radiación solar que las orientadas al norte, lo cual termina repercutiendo en la temperatura del suelo. Además, las laderas con pendientes pronunciadas son más vulnerables a la erosión, lo que conduciría a suelos menos profundos que los suelos localizados en laderas con menos pendiente.
Según el mapa de unidades litológicas (Figura 5), los suelos del Monte Ezkaba se han desarrollado sobre todo sobre margas (Suelo 1), o sobre calcarenitas y areniscas (Suelo 2 y 3) como material parental. Sin embargo, se observó que en campo el Suelo 3 se había desarrollado realmente sobre margas. Las margas generan suelos arcillosos con una gran capacidad de retención de agua, pero de baja permeabilidad. Las areniscas en cambio, generan suelos francos o franco arenosos con alta permeabilidad, que favorecen el lavado del perfil. Además, la composición de estos materiales tiene consecuencias en las características de los suelos que se forman sobre ellos. Por ejemplo, la presencia de carbonatos en el material parental tiende a generar suelos con cantidades más o menos importantes de carbonato cálcico en el perfil, según el clima. Cuando estos carbonatos están presentes, aportan un pH elevado al horizonte u horizontes donde se encuentran.

FIGURA 5. Mapa de unidades litológicas. Escala 1:30.000. Los puntos de interés edáfico (perfiles de suelo) se encuentran representados en amarillo, y los puntos de interés histórico y cultural en azul claro.
Por último, el tiempo permite que el resto de factores de formación actúen, y se desarrollen, en consecuencia, los procesos de formación del suelo.